
"Eso sólo pasa en el mundo de Blanca Abarca". La frase me la vive restregando César Castro (alias el Brauni, brevemente conocido como "Chiquitón" en la bartolina de la colonia Zacamil). El comentario siempre aflora cuando termino de contarle mis múltiples y amargas aventuras cotidianas. Hoy no fue la excepción, al contarle cómo empecé el día.
Pues resulta que desde hace tres días mi vehículo -llamado "Balín"-- andaba con la aguja del control de combustible en la E de "Empuje" (no "Empty", sino "Empuje").
Y justo hoy al Balín le agarró pataleta y berrinche en pleno bulevar Santa Elena, cerca del cruce hacia el Hotel Holiday Inn.
"Que ya no camino y no arranco", me refunfuñó El Balín, a plenas 8 a.m. Se armó un congestionamiento de padre y señor mío. Me pintaron, insultaron y demás.
Por suerte, un colega, Eduardo Portillo, me vio en el apuro. Amablemente me preguntó por el radioteléfono si necesitaba ayuda. Gentilmente dio la vuelta al redondel y tuvo la caballerosidad de ir a comprar gasolona por mi. Para tal efecto, le proporcioné un depósito que almacena un galóon de combustible.
Después de un par de minutos, Guayo, alias "Dudu", apareció con el depósito lleno. "¿Te ayudo?". De buena gana acepté su colaboración.
Inclinamos el depósito rojo con boquilla negra en el tanque de combustible. Nada. No salía el combustible. Presionamos la boquilla del depósito y voilá ¡la gasolina comenzó a bajar al tanque!
Cuando terminamos aquella operación, ¡sorpresa! El envase quedó atascado. Por más que jalamos, aquella boquilla -con pestaña de seguridad incluida, para el tapón, no para el tanque- se resistió a salir de mi carro.
Con el poco combustible que bajó al tanque me fui a una estación de servicio con la esperanza de que me ayudaran a destrabar aquel artefacto. Nada. No se hacían responsables.
Luego apareció un compañero de transporte. "Mejor llévelo al taller. Es necesario que le bajen el tubo del tanque de combustible". Para mis adentros sólo dije: "¡Glup! Vaya forma de empezar el día". Ni les cuento cómo se puso a temblar mi bolsillo.
Con el poco combustible me dirigí al taller que siempre ha atendido a mi Balín. Tras repetir la historia un mecánico buscó un electrodo y comenzó a jalar aquella rebelde boquilla.
No soporté ver cómo trataban el tanque de mi combustible. Así que mejor huí. Después de vaaaaaarios minutos. Solo los mecánicos llegaron a la sala de espera de clientes del taller. Yo solo tragué gordo. Esperando que no hubieran deteriorado el tanque de combustible. Con lo cara que está la gasolina -y eso que El Balín ya dejó de alimentarse con gasolina especial desde hace muuuchos años-- no será ninguna ganga que mi tanque tenga una fuga.
Después del percance, fui a probar el tanque del combustible, para evitar quedarme de nuevo a media calle. La aguja subió. El gas no se escapó y así reanudé la rutina laboral, después de casi dos horas y media. Moraleja: Nunca más dejés la aguja en la E de Empuje.
P.D.: Para la próxima quizas me compre un depósito de combustible con bomba incluida (como la que se muestra en la imagen).